QUÉ HACEMOS
Pensamiento y líneas de trabajo    volver

Nuestras actividades se basan en dos principios: la consideración de la diversidad cultural como un patrimonio de la humanidad que debemos comprender, enriquecer y respetar, y la necesidad del reconocimiento y el respeto de los derechos colectivos de los pueblos indígenas y las comunidades locales, tal como ellos los entienden y proponen.

Concebimos la interculturalidad como la forma en que los diversos pueblos, con sus respectivas culturas, entran en contacto sin imposiciones, con respeto mutuo por lo que el otro es y consideración por lo que sabe. Occidente comienza a despertar del ensueño que supuso creer en una sola verdad, en un modelo único de desarrollo y de derechos, imponiendo a las demás sociedades, y a los diversos colectivos de la propia, modelos estándar que no han funcionado.

Creemos que la cultura propia es la riqueza de cada pueblo, y constituye la mejor manera de enfrentar los retos de su propio desarrollo, evitando los procesos de empobrecimiento a que abocan modelos uniformes de desarrollo. Sin embargo, la cultura propia no es valorada ni por las agencias de cooperación ni, en muchas ocasiones, y debido a siglos de desprecio y a la imposición de modelos homogéneos, por sus propios protagonistas.

Por ello, pensamos que la recuperación cultural es una herramienta de participación colectiva desde la diversidad cultural y para la diversidad cultural, un instrumento que ayuda no sólo a recuperar lo propio para abordar un desarrollo específico no estandarizado, sino a construir sociedades nuevas en términos de una interculturalidad no impositiva, que realmente valore los distintos términos culturales que se ponen en la balanza del desarrollo y de los derechos.

Desde el punto de vista de ALMÁCIGA la cooperación para el desarrollo, para serlo, debe considerar los derechos humanos, y específicamente los derechos colectivos de los pueblos, como un componente indispensable en cualquier acción de desarrollo. En el caso de los pueblos indígenas, es imprescindible el respeto a sus derechos como pueblos y el apoyo a las acciones que permitan el reconocimiento y el ejercicio de los mismos. La cooperación debe, además, valorar la diversidad cultural y contemplar la cultura propia como punto de partida de las acciones de desarrollo, apoyando los procesos colectivos de recuperación cultural como medio de repensar el desarrollo desde lo propio.

La cooperación para el desarrollo aborda acciones y procesos para combatir situaciones de desigualdad y pobreza, pero no siempre comprende que lo calificado como pobreza desde la cultura occidental encierra muchas veces elementos que constituyen una riqueza que sólo puede ser valorada desde una visión intercultural, de aprecio por el hecho de la diversidad cultural, y de respeto por las culturas propias, elementos todos que deben ser rescatados y potenciados por los propios beneficiarios, mediante procesos de recuperación cultural.

Con esta concepción de cooperación para el desarrollo, fundamentada en el reconocimiento de los derechos y de la diversidad cultural para ser justa y eficaz, ALMÁCIGA colabora con pueblos indígenas y comunidades locales, y con sus organizaciones representativas, en el apoyo a procesos de defensa de sus derechos y de desarrollo desde lo propio. Específicamente se brinda apoyo técnico a las organizaciones de los pueblos indígenas para su participación en las reuniones internacionales donde se debaten sus derechos colectivos.

En el trabajo de Almáciga se hace énfasis en el apoyo a los procesos de fortalecimiento organizativo, por entender que es un requisito fundamental para el éxito, el impacto y la sostenibilidad de las acciones que los pueblos y las comunidades emprenden.

También colaboramos con ONG de cooperación al desarrollo, a través de programas de sensibilización y asistencia técnica, en la convicción de que, en su campo de actuación, cabe una visión intercultural de respeto hacia otros pueblos y sus derechos, y con la certeza de que es posible una gestión participativa y dialogante de la cooperación en las ONGD sin renunciar a ciertos niveles de eficacia y eficiencia que, en todo caso, deben ser replanteados.

El funcionamiento de las ONGD no es ajeno a los fines y valores de la cooperación al desarrollo. El conocimiento y reconocimiento de la diferencia, y los modos de abordarla con respeto y valoración, deben tener cabida en las ONGD no sólo como discurso, sino como práctica diaria en la concepción y ejecución de los proyectos, en la relación con las contrapartes y los beneficiarios, y en las labores de sensibilización de la sociedad occidental, así como en la evaluación crítica de las acciones que se emprendan.

La sensibilización de la sociedad, especialmente de la infancia y la juventud, es fundamental para que la aspiración de reconocimiento y respeto de los derechos y la diversidad cultural se conviertan, algún día, en una realidad. Más allá de la reivindicación, de las apelaciones a la solidaridad, creemos que hay que mostrar esa diversidad y la posibilidad de una nueva convivencia intercultural entre los pueblos, como algo que puede llevarse a cabo efectivamente a través de la toma de conciencia de cada persona.

Creemos que la diversidad cultural también existe, tiene espacio y sentido en el interior de la sociedad occidental, en los llamados países desarrollados, fundamentalmente en el ámbito rural, en las bolsas urbanas de marginación y en los colectivos de inmigrantes. Los procesos colectivos de recuperación cultural sacan a la luz numerosos elementos que, más allá de lo folklórico, permiten descubrir una sociedad variada y diversa, rica en planteamientos y soluciones a los problemas de desarrollo y derechos que actualmente se suscitan. La metodología participativa con que deben abordarse los procesos de recuperación cultural potencia la conciencia democrática, adormecida en el consenso institucional del modelo único de desarrollo y democracia.



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